Una grave crisis de salud se cierne sobre pueblos indígenas amazónicos

El gobierno brasileño declaró el estado de emergencia médica en el territorio yanomami. Los mineros ilegales han invadido la zona, ahuyentando a animales, contaminando el agua y la fauna, y amenazando la capacidad de la población para alimentarse. Además, la malaria ha aumentado hasta un 70% más que en 2022.

Información de Médicos Sin Fronteras 

La vasta área de la cuenca del Amazonas siempre ha sido un desafío a la hora de brindar atención médica a los pueblos indígenas que viven aquí. Pero, en los últimos años, la complejidad ha aumentado, ya que la ausencia de medidas para proteger a algunas comunidades, combinada con recortes en los presupuestos de salud de los pueblos indígenas, han creado amenazas reales para su bienestar y, en algunos casos, para su supervivencia.

En ninguna parte esto es más cierto que para los cerca de 30.000 habitantes del territorio yanomami, un área más grande que Portugal, cuya salud y estilos de vida tradicionales están en peligro.

Gran parte de la destrucción ha estado a manos de mineros ilegales en busca de oro. Han llevado a cabo invasiones del territorio yanomami, utilizando maquinaria pesada para despejar franjas de bosque a lo largo de las riberas de los ríos y dejar paso a las minas. Sus actividades han ahuyentado a los animales que antes se cazaban para comer, mientras que la contaminación de las minas ha envenenado a los peces de los ríos, amenazando la capacidad de la población local para alimentarse y causando desnutrición.

La degradación ambiental causada por la minería también ha dejado el suelo lleno de agujeros, que se llenan con agua de lluvia, creando las condiciones ideales para que se reproduzcan los mosquitos. Como resultado, la malaria es un problema de salud creciente en la región. Al mismo tiempo, la violencia asociada con los mineros ilegales ha provocado que parte del personal de salud abandone las instalaciones médicas, dejando a las personas sin atención médica.

MSF trabajamos en el territorio yanomami en colaboración con el Ministerio de Salud de Brasil y la SESAI (Secretaría Especial de Salud Indígena) en el diagnóstico activo de los casos de malaria y el tratamiento de la enfermedad. © MSF

La crisis de salud entre los pueblos indígenas se ha vuelto tan grave que, en enero de 2023, el nuevo gobierno brasileño declaró el estado de emergencia médica en el territorio yanomami.

Nuestros equipos se unieron a la respuesta del Ministerio de Salud a la crisis, en febrero, enviando un equipo para brindar atención médica y apoyo de salud mental en CASAI, un centro de salud para pueblos indígenas en Boa. Vista, la capital del estado norteño de Roraima. Cuando la atención médica no está disponible localmente, los indígenas son derivados a CASAI, donde pueden recibir atención médica básica y un lugar donde quedarse mientras esperan consultas médicas en hospitales o clínicas en Boa Vista.

MSF hemos aumentado recientemente nuestras actividades médicas en respuesta al aumento de casos de malaria en el territorio yanomami, enviando un equipo a la región de Auaris, en el estado noroccidental de Roraima, hogar de más de 4.000 personas y una de las zonas más pobladas del territorio. Nuestro trabajo en Auaris se lleva a cabo en asociación con el DSEI, la rama del Ministerio de Salud de Brasil que se ocupa específicamente de la salud de los grupos indígenas.

La malaria ya era endémica en la región de Auaris y afectaba tanto a adultos como a niños y niñas, pero el problema ha aumentado en los últimos años, a medida que los recursos médicos y el personal de salud disminuyen en toda la región. Entre enero y junio de 2023 hubo 12.256 casos de malaria en territorio yanomami, un 70% más que en el mismo período de 2022, según datos del Ministerio de Salud.

Con el fin de frenar el aumento de la malaria, hemos adoptado una estrategia activa de detección de casos, con un equipo viajando largas distancias todos los días, en bote o a pie, para llegar a aldeas remotas y evaluar a las personas para detectar la enfermedad.

“Estamos evaluando al mayor número de personas posible, incluso a las que no tienen síntomas”, dice nuestra compañera, la Dra. Raquel Simakawa, quien formó parte del equipo que lanzó las actividades en Auaris en mayo. “Esta es una de las mejores maneras de diagnosticar y tratar la malaria lo más rápido posible, reduciendo los riesgos de complicaciones y las tasas de transmisión”.

Los miembros del equipo recolectan una gran cantidad de muestras de sangre, que son analizadas el mismo día por un microscopista, que puede procesar hasta 100 muestras por día. Durante las dos primeras semanas de actividades, nuestro equipo en Auaris realizó pruebas de malaria a más de 1.000 personas, de las cuales unas 200 dieron positivo a la enfermedad.

Los pacientes que dan positivo comienzan a tomar medicamentos antipalúdicos de inmediato. El tratamiento dura entre tres días y dos semanas, dependiendo del tipo de malaria detectada y de si el paciente ha tenido o no la enfermedad previamente. Sin un tratamiento oportuno y adecuado, la infección por paludismo puede provocar complicaciones como anemia grave, molestias respiratorias y debilidad física extrema. Para las personas con malaria grave y para aquellas que ya están debilitadas por otras condiciones de salud, la malaria puede ser mortal.

“Nuestras estrategias de detección y tratamiento de casos deben ser muy consistentes”, dice la Dra. Simakawa. “Por eso nuestros equipos de salud hacen visitas semanales a las comunidades para que se repitan las pruebas. La frecuencia de las pruebas solo se reduce una vez que la enfermedad está efectivamente bajo control”.

Nuestro equipo de 10 personas en Auaris incluye personal de medicina, enfermería, laboratorio, antropología y logística. Trabajan junto a personal de medicina y enfermería, así como agentes de salud, de la comunidad indígena del DSEI. “Trabajar en asociación es esencial para garantizar que tengamos un buen acceso a las comunidades, lo cual es vital para llegar a los pacientes y evitar que la enfermedad se propague”, dice Fabio Biolchini, nuestro coordinador para operaciones en Sudamérica.

A pesar de que estamos trabajando con recursos limitados dentro de un territorio muy grande, con muchos desafíos logísticos, Biolchini cree que la experiencia previa de MSF en el tratamiento de la malaria es muy útil. “MSF tiene una larga historia de implementación exitosa de estrategias para prevenir y tratar la malaria”, dice Biolchini. El año pasado, tratamos a más de 4,2 millones de casos de malaria en todo el mundo.

En MSF han tratado la malaria en Brasil ya en el pesado. “En la década de 1990, contamos con un fuerte apoyo de las comunidades indígenas del estado de Roraima para implementar una estrategia exitosa de detección y tratamiento de la malaria”, dice Renata Reis, directora general en Brasil. “La grave crisis sanitaria que afecta el territorio yanomami es un desafío inmenso, pero creemos que podremos enfrentarlo de manera más eficiente si lo hacemos en coordinación con nuestros socios y, sobre todo, de acuerdo con las necesidades expresadas por las comunidades a las que estamos ayudando”.

«MSF hemos estado trabajando en Brasil desde 1991, cuando nuestros equipos respondieron a un brote de cólera en la región amazónica. Poco después, ayudamos a contener una epidemia de malaria en el estado de Roraima, trabajando junto a microscopistas y promotores de salud indígenas. Más recientemente, durante la pandemia de COVID-19, ayudamos a las poblaciones indígenas en los estados de Mato Grosso do Sul, Amazonas y Roraima.

Además de nuestras actividades actuales en el territorio yanomami y en el CASAI de Boa Vista, desde 2018 llevamos a cabo un proyecto para apoyar el sistema de salud de Roraima tras la llegada de migrantes venezolanos al estado. Uno de nuestros equipos también trabaja en la ciudad de Portel, en la región de la isla de Marajó, estado de Pará, para ayudar a fortalecer el sistema de salud local y mejorar el acceso a la atención médica para los grupos de población vulnerables.»

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