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Cartas al frente

Katarina pone cartas manuscritas y dibujos coloreados en el bolsillo delantero de su chaleco antibalas.

La primavera en plenitud contrasta con un entorno marchito. Ella se sube al coche junto a Yuri, su compañero, y parten rumbo a uno de los últimos puestos de combate del frente de Jerson, ciudad del sur de Ucrania ocupada por las tropas rusas desde las primeras semanas de la invasión.

Fotos & Texto: Pablo Tosco

El camino hacia el frente atraviesa campos de trigo, pequeños pueblos de campesinos que se asoman por las ventanas tristes, coches quemados y casas en escombros. El asfalto se funde con una carretera malograda; al final, una arboleda solapa un montículo de tierra cubierto de hierba. En la cima flamea mustia una bandera de Ucrania. Ese es el frente.

El número de bajas en el ejercito ucraniano es un secreto, aunque el presidente Zelenski en uno de sus discursos diarios nocturnos informaba que 100 a 200 soldados mueren cada día en el frente de combate.

Los periodistas generalmente no tienen permitido el acceso a los frentes activos.

Katarina y Yuri bajan. Saludan con efusividad a soldados atrincherados. Algunos, bajo ramas de robles flacos, se desperezan. En la trinchera próxima Constantin apura su cigarrillo y Oleg su cafe. Otros dos dejan sus binoculares en un montículo de la defensa, todos se acercan raudos a estrechar sus manos. A cuatro kilómetros acechan fuerzas enemigas. Las tropas rusas hace semanas que están consolidando su posición de defensa, por eso los ataques son mas esporádicos. La carretera, que sí continúa bajo bombardeos regulares, funcionó como ruta de evacuación para miles de personas que huyeron durante y después de la llegada de los soldados rusos a Jerson. Al día de hoy, aún la recorren familias enteras en búsqueda de lugares seguros pese a que los más inseguro es esa misma carretera.

Se oyen explosiones regulares a la distancia. El sonido cotidiano de la guerra no altera a las tropas locales, que fuman y toman café con sus AK-47 colgando en la espalda. Una fracción de este batallón está de guardia. Con mapa en mano debaten y conjeturan sobre posiciones de la avanzada rusa y la ampliación de las defensas. Vlad aprovecha el fin de su guardia y busca la oscuridad de la trinchera para dormir un poco mientras escucha los audios enviados por sus hijas desde su exilio en Polonia. Mas de 4 millones de personas en su mayoría mujeres, niñas y niños huyeron del país y otros 4 millones se encuentran desplazadas dentro de las fronteras.

Katarina reparte las cartas escritas por madres y esposas. Los dibujos de hijas e hijos hacen temblar de emoción las manos de hombres que aprentando la mandíbula contienen el llanto. Una bandera dibujada con crayones amarillos y azules, un soldado que porta un arma, el perfil de un guerrero estilo manga, poemas y relatos de una cotidianidad lejana y casi ajena. Las explosiones enmudecen por instantes, cómplices de una tregua inesperada para recuperar los afectos en el vínculo epistolar.

Otro día en la trinchera.

Pablo Tosco

Realizador | Storyteller

Foto-videoperiodista, comunicador social y máster en Documental Creativo. Desde 2004 documentó para Oxfam Intermón proyectos de cooperación, desarrollo y acción humanitaria en África, América Latina y Asia. Pablo es storyteller y miembro fundador de Angular.

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