Una canción para mi tierra y una resistencia de película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura.


Por María del Carmen Varela | Revista MU
«Imagínense un escenario en el medio del campo con estos niños y niñas cantando juntos”, soñó Ramiro Lezcano, el profesor de música de la escuela rural Los Corralitos, en Justiniano Posse, un pueblo de menos de diez mil habitantes ubicado al sudeste de la provincia de Córdoba. Un niño con guardapolvo blanco señala a Los Corralitos: “Esta es mi escuela”, luego su dedo se extiende hacia un vasto territorio en el que abunda el verde y cuenta que en ese lugar se llevará a cabo un show musical. El recital ocurrió en noviembre de 2023 y representa la materialización de un deseo que si bien surgió del impulso de Ramiro, se convirtió en un sueño colectivo que sumó corazones y voluntades de toda una comunidad.
Lo que disparó esta historia iniciada hace casi diez años tenía como sello la urgencia de proteger a las infancias del flagelo de las fumigaciones con glifosato a metros de las escuelas. La película de Cactus Cine Una canción para mi tierra estrenada a fines de abril en el cine Gaumont registró durante dos años un proceso que incluye composiciones musicales, lucha ambiental, aprendizaje, perseverancia, tropiezos y un grito infantil a viva voz: “Queremos salir al campo y respirar ¡aire puro!”.
La verdad del Milanés
Durante una clase de música lxs alumnxs contaron al profe Ramiro que un avión fumigador solía sobrevolar la zona. ¿Efectos? Dolor de cabeza, ardor en la nariz, picazón en la garganta, todxs al aula y se quedaban sin poder jugar un picado.
Alarmado por esta situación, Ramiro se cuestionó seguir entonando el Himno a Sarmiento y pasó a otra instancia pedagógica. Volvió con una propuesta que entusiasmó a lxs chicos y chicas: componer temas que contaran lo que sucedía en lo cotidiano. Así fueron asomando las canciones con letra y música de este profesor de filosofía que asumió el rol de enseñar el arte de cantar porque las escuelas rurales de la zona así lo requerían. “Para escribir una canción, ¿qué necesitamos? Poesía”. Con los aportes de lxs alumnxs y la frescura de sus voces el proyecto musical encontró su destino: cantar esa realidad en un concierto al que Ramiro bautizó como “un Woodstock ambiental”.
Con un puñado de canciones listas se les ocurrió convocar a artistas reconocidos para que las cantaran con ellxs. La apuesta apuntaba a darle visibilidad a la temática y lograr que el concierto tuviera mayor impacto. Un alumno sugirió invitar al cantante cubano Pablo Milanés, ya que en una clase anterior habían aprendido a cantar algunos de sus temas. Ramiro dudó y explicó que no era su amigo, que probablemente no podrían llegar a él. Después se arrepintió de su vacilación. ¿Por qué no intentarlo?
En la clase siguiente grabaron un videíto pidiéndole que cante una de las canciones y se lo enviaron por Facebook. A la semana, Milanés respondió, prometió grabar la canción en La Habana y hacérselas llegar. La construcción del sueño iba juntando sus primeros ladrillos.
Del León a La Renga
En 2012 el productor de Cactus Cine, Sebastián Carreras y el director Mauricio Albornoz Iniesta tomaron contacto con información relacionada al glifosato. Durante un tiempo trabajaron junto a un periodista en un proyecto que no prosperó. Sebastián: “Era un dilema de los dos lados de la grieta. Nadie quería hablar de eso y era muy difícil de financiar. ¿Cómo podemos hacer algo con esto? Era una necesidad, pero quedó medio parado porque no terminábamos de darle forma”.
A fines de 2018 Ramiro estaba buscando productora para filmar un video con una de las canciones y envió un mensaje a Cactus. Sebastián y Mauricio estaban en Río Cuarto y aprovecharon la cercanía para ir a conocer a Ramiro. “Nos quedamos charlando como tres horas, fuimos a ver unas clases, grabamos, nos volvimos a Buenos Aires y ya empezamos a pensar en hacer una película. Mauri quería que fuera un documental de observación, de seguimiento, donde tenés que atravesar el proceso de creación de una canción, de ver cómo los chicos se involucran, cómo hacen la letra, la música, nos mandamos con todo a experimentar lo que se vivía en esas aulas”.
Ese registro aparece en Una canción para mi tierra y lxs espectadorxs se convierten en testigos de cómo surgieron las composiciones, del asombro de los chicxs cuando escucharon la guitarra eléctrica del profe que viste remeras rockeras y se sube a una silla para tocar los primeros acordes, del entusiasmo de la maestra Silvia Ghio y de toda la escuela por juntarse a grabar canciones con León Gieco, Chizzo Nápoli de La Renga y Teresa Parodi, entre tantxs otrxs y la expectativa por el concierto en el medio del campo, “en el interior del interior”, como dice Ramiro.
“Seño, seño, mirá el avión”, la voz infantil con el grito de alarma da inicio a Carancho de metal, la forma que encontraron para nombrar al avión fumigador: “acechas desde el cielo/carancho de metal, no tires más veneno” dice la canción.
La primera composición fue Juguemos en el campo mientras Monsanto no está, inspirada en Diablo, ¿estás?, de la inolvidable María Elena Walsh. “Que vuelen muchas abejas / y polinicen tu flor / Que a mi escuelita del campo / no la fumigue un avión”. Fue escrita y grabada antes de que un tribunal popular reunido en La Haya en 2017 encontrara responsable a la multinacional transgénica Monsanto de ecocidio, de violar derechos en salud, ambiente y de entorpecer la libre investigación científica sobre estos temas.
Cambiar las cosas
Estas dos páginas de MU no alcanzarían para mencionar a la cantidad de artistas que pusieron sus voces, sus instrumentos, sus conocimientos técnicos para que Canciones urgentes para mi tierra, La última trinchera y Mensajes de tierra adentro, los tres discos producidos hasta ahora sonaran con altísima calidad. Las canciones fueron grabadas en diferentes estudios del país y también en Colombia, Chile, Rumania, Brasil, Estados Unidos, Alemania, España e Italia.
En el tema Agua va cantan Marcelo Moura, Leo García, Benito Cerati y Ulises Butrón toca la guitarra acústica. En La tierra que soñamos, ponen voces María Rosa Yorio, Dyango, Víctor Heredia y la murga uruguaya La Buchaca, entre otrxs.
Participaron además once escuelas de Marcos Juárez, Saira, Monte Leña, San Marcos Sud (Córdoba) y Bouquet (Santa Fe) y otras tantas escuelas invitadas. Cuenta Ramiro que hace días tuvieron una reunión virtual con una escuela de España que se quiere sumar. “Es maravilloso que se sigan contagiando, este proyecto dejó de pertenecernos, es mucho más amplio y plural donde entran en juego muchos otros actores y eso lo celebramos”.
La película sigue en cartelera a más de dos meses del estreno. Antes giró por festivales internacionales y ganó más de una veintena de premios, como el de Mejor Película Ambiental del año, otorgado por la Green Films Network en Emiratos Árabes Unidos. Recibió el Premio del Público y una Mención especial del Jurado en el Festival de Biarritz Cinema et Cultures d’Amérique Latine, en Francia. En Argentina ganó como Mejor Película en la Competencia de Graduados del Festival Internacional de Cine de la UBA.
Mauricio: “No hubo reacciones así con películas anteriores. Conectás con esas personas que trabajan en lo cotidiano para cambiar las cosas. Cuando conocimos a Ramiro supimos que teníamos que dar a conocer esta historia”. Desde el principio Ramiro confió en la potencia de este proyecto en defensa de la vida: “Estamos en un momento de mucha alegría. Desde que comenzamos con la primera canción hace casi diez años nunca el proyecto había tenido tanta visibilidad como ahora con la película. Ha sido el puente sensible que conectó una realidad con un público al que de otra manera no hubiéramos llegado. Todo eso hoy se plasma en la página web y en la película que son parte de este gran sueño”.
¿Por qué un “Woodstock ambiental”? Ramiro explica que el nombre que le asignó a esta aventura de organizar un concierto con las canciones creadas en las clases de música no tiene que ver con “una cuestión de grandilocuencia en cuanto a la masividad, sino desde un lugar político, social, para mostrarles a lxs alumnxs que en ese concierto había una declaración de intención y que la música iba a estar cargada de contenido. Queríamos tocar y cantar en vivo, con cien pibes en el escenario, invitar a artistas. La filmación de toda esta historia fue un gran motor”.
Ramiro proyectó en la escuela imágenes del Woodstock de 1969. “No solo fue un concierto, sino que levantó las banderas de la utopía, de un paradigma que se venía cayendo después de la Segunda Guerra Mundial. Los jóvenes empiezan a tener voz en una sociedad que les daba la espalda, aparecen en Estados Unidos los hippies y Woodstock fue una manifestación que nadie se esperaba. Un millón de personas levantando las banderas de la paz, repudiando la guerra de Vietnam. Una cuestión política, que surgía desde el arte”.
En el documental le preguntan a Ramiro cómo pensaba armar la logística del recital en los términos en los que él lo planteaba. Su respuesta fue: “Ah bueno, después vemos”. Y no era despreocupación o negligencia sino un impulso vital. “Tiene que ver con animarse a soñar y dejar que las cosas fluyan. Yo nunca me imaginé que Pablo Milanés iba a sumarse al proyecto. Pasaron dos meses y estaban él y 40 artistas más. Las cosas tendrán que caminar, me dije, y tendremos que invitar y tendremos algunos no, pero muchos sí. Y cuando se filmó la película ya teníamos 300 artistas que habían grabado las canciones. Artistas que nunca hubiéramos imaginado, como Billy Bond, Jairo, Rubén Blades y tantos otros. Era un desafío, algo casi impensado, y se hizo gracias a la voluntad de muchas personas”.
La Amazonía y la mariposa
En un pueblo rural como Justiniano Posse, en el que la mayoría de la gente vive del campo, no fue fácil llevar adelante el proyecto. Hubo oposición y amenazas. La tenacidad y las ganas de Ramiro y sus alumnxs fue clave para no desistir y la red de colaboradorxs que no dudaron en brindar su apoyo tuvo un enorme peso en la concreción de esta maravilla sostenida en el tiempo.
El concierto del 12 de noviembre de 2023 reunió a más de 7.000 personas y se hizo, tal como Ramiro había soñado, en el medio del campo. Sebastián confiesa que cuando se instaló la idea de que lxs alumnxs cantaran las canciones en vivo pensó en una fiesta de fin de curso en el colegio. “Pero Ramiro empezó a hablar de un Woodstock y pasaba las imágenes en la escuela, con miles de personas y yo pensaba: uy, nosotros somos productores de cine, armar un espectáculo musical es otra cosa”.
Hubo muchas complicaciones y por momentos perdían la esperanza de poder concretarlo. Muchos sugerían hacerlo en Córdoba Capital, en Villa María o en Rosario. Ramiro se opuso porque sentía que cambiaba el sentido del concierto y, como explica Sebastián, “la gente de las zonas rurales siempre va a otros lugares, acá es al revés, los artistas van al campo”.
Una vez subido al escenario junto a sus alumnxs, en ese día tan esperado, con remera de Los Beatles y campera roja, Ramiro dijo al micrófono: “Recién un medio me preguntó si esto es contra el campo. ¿Cómo va a ser contra el campo si nosotros somos el campo? Esas que están allá son las escuelas rurales. Somos productores también pero producimos canciones, arte, desde un lugar hermoso que es el campo”. Y el “Woodstock ambiental” arrancó.
Mauricio y Sebastián filmaron durante dos años e iban a Justiniano Posse cada 15 o 20 días. El tiempo transcurrido hizo que establecieran un vínculo con lxs niños y una vez finalizado el concierto y la filmación, decidieron seguir yendo una vez al mes. Mauricio: “Distintos integrantes de la productora vamos a dar talleres de cine. Tienen muchas cosas para decir y hacen sus propios cortos, son realizadores audiovisuales. Hicieron un corto de ficción y un documental que proyectaron en el pueblo, todos se acercan a ver lo que hicieron, ellos cuentan y responden preguntas”.
Varixs de lxs alumnxs ya están en la escuela secundaria, otrxs terminando la primaria. Ramiro: “Están comprometidos con lo que está pasando con la película, ven que sus canciones se empiezan a escuchar, recuerdan los conciertos a los que nos invitaron a cantar, como el de La Renga, Divididos. Es revivir estos diez años. En muchas escuelas están componiendo canciones con lo que les pasa, el proyecto es faro para otra realidad y eso es maravilloso. Si la película se proyecta en algún lugar y por la logística no podemos llevar a niños de acá hasta allá, van niños del lugar, aprenden la canción y cantan con nosotros. Siguen siendo las infancias las que cantan las canciones. El proyecto no depende solamente de los alumnos que grabaron y está bueno que así sea”.
Las fumigaciones disminuyeron un poco y en algunos lugares avisan antes de que pase el avión. “En otros lugares cercanos –reconoce Ramiro– sabemos que es complicado porque hay un modelo productivo y somos rehenes. La película nos interpela sobre el mundo en el que vivimos y en el que vamos a vivir. Este tema es tabú en estas regiones y es importante que se generen debates sobre el modelo productivo, ojalá la película sea el disparador. Está declarada de interés nacional, está bueno que venga de esos espacios porque ahí es donde se toman las decisiones”.
Sebastián, Mauricio y Ramiro adelantan que están trabajando en la segunda parte de la película. “Estamos en una etapa temprana de desarrollo, la idea nace porque conocimos al grupo de rock Aterciopelados, que quedaron fascinados con Rami y los chicos y nos dijeron: tienen que venir a hacer un Woodstock ambiental en la Amazonía colombiana” cuenta Mauricio. Por supuesto que se preguntaron ¿por qué no?, y el proyecto es que Ramiro y Héctor Buitrago, de Aterciopelados, recorran comunidades indígenas de Colombia, Brasil, Perú y que lxs niñxs compongan una canción colectiva por la selva y celebren un concierto que, en esta oportunidad, será en la triple frontera entre dichos países.
Los tres discos que ya llevan editados junto a textos e ilustraciones pueden escucharse y disfrutarse en la web cancioneurgentesparamitierra.com. También hay una galería de fotos que documentan el recorrido de este grupo de personas que se animaron a soñar en grande. Con la ternura intacta, la mirada confiada y la capacidad de acción, regalan muchas cosas, incluida esta:
“Somos la voz que viaja / ligera por los caminos, / despertando la conciencia, / forjando un nuevo destino / Cuidamos la flor, / el agua y la mariposa, / pobre de aquel que no entienda / que la vida no se negocia”.
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Revista Mu
Es una publicación mensual independiente editada por la Cooperativa de Trabajo La Vaca. Liderada por periodistas como Sergio Ciancaglini y Claudia Acuña, la revista se especializa en periodismo social, ambiental y de recuperación de fábricas, con un enfoque en la autogestión y la comunicación con la gente.
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