Programas de radio con auspicios de petroleras, diarios que llaman a explotar (literalmente) Vaca Muerta y con suplementos de propaganda del agronegocio, radios autodenominadas “del campo” (con publicidad de todas las empresas de transgénicos y agrotóxicos), periodistas famosos que siempre minimizaron lo ambiental: todos, súbitamente, se acordaron del desastre climático con los incendios en la Amazonía, la presencia de Greta Thunberg en la escena mediática y las marchas de jóvenes en decenas de ciudades del mundo. Abundaron voces de universitarios, científicos, abogados, oenegés, funcionarios. Pero pocas, o nulas, voces indígenas y campesinas, quienes viven en los territorios en disputa.

Texto de Darío Aranda  Fotos de Migue Roth

Diaguitas, qom, warpe y mapuche cuentan desde los territorios cómo ven la discusión sobe el cambio climático y alertan que no hay ninguna medida concreta que los favorezca frente a gobiernos y multinacionales que incumplen leyes. Son ellos quienes defienden los recursos desde hace años y ponen el cuerpo para evitar el saqueo. Por qué nadie los oye y cuáles son sus propuestas ante la crisis ecológica.

Son los primeros ambientalistas, incluso desde antes que se conociera esa palabra. Alertaban sobre el cambio climático (aunque con otro nombre) desde mucho antes que existiera la ONU. Son de los que más cuidan los ecosistemas. Y las mayores reservas de biodiversidad se encuentran en sus tierras. Pero pocas veces se los consulta sobre la crisis climática.

Están entre los que más defienden los territorios. Son reprimidos y hasta asesinados por esa lucha. Pero se los acusa de terroristas.

Los incendios en la Amazonía de Brasil y Bolivia, la aparición mundial de Greta Thunberg y las movilizaciones contra la crisis climática irrumpieron en agendas mediáticas y políticas, que se poblaron de opinadores y, por unos minutos, todos parecían preocupados por el ambiente. Quizá porque no son blancos de clase media, o porque no viven en la ciudad, o porque no hablan inglés, pero no se los escucha. Qué piensan, hacen y proponen los pueblos indígenas ante el desastre climático y, en lo local, qué expectativas tienen ante el nuevo gobierno.

De norte a sur

Una ronda imaginaria de voces indígenas va del territorio mapuche (Chubut, Río Negro y Neuquén), pasa por la Nación Warpe (San Juan), atraviesa comunidades diaguitas (valles de Tucumán) y se instala en la lucha del pueblo Qom (Formosa). Son sólo una pequeña muestra de referentes indígenas que luchan por el territorio desde hace décadas y reflexionan sobre el acontecer del mundo, las políticas, el clima. Y, sobre todo, son voces de hombres y mujeres que ponen el cuerpo en la defensa territorial.

Xalkam Nawel, 34 años, reparte su vida entre la capital neuquina y Aluminé, zona cordillerana. Es vocera de la zonal zonal Xawvnko de la Confederación mapuche de Neuquén. Recuerda que los pueblos originarios reclaman por la crisis climática desde hace décadas, pero con eje central en el cuestionamiento al sistema capitalista basado en el extractivismo, que destruye territorios. Recuerda que las migraciones forzadas son una consecuencia también de la crisis. Y precisa que, en la provincia, dos caras de ese modelo son las petroleras y la megaminería.

Marcos Pastrana, 73 años, abuelo indígena de Tafí del Valle (Tucumán), parte de la Unión de la Nación del Pueblo Diaguita (UNPD), dice: “No hay que olvidar que la causa principal del cambio climático es el extractivismo, que en algún momento se llamó Alianza Para el Progreso o globalización, últimamente le dicen ‘desarrollo’. Va mutando de nombre, pero en realidad es la transferencia de bienes y servicios desde los territorios, desde los pueblos, hacia los centros de poder financiero mundial”.

Foto: Comunidad Wichí «La Misión». Impenetrable salteño. Allí también afirman que «los pueblos indígenas no saquen a la naturaleza»

Mauro Millán, 48 años, histórico activista mapuche de Chubut, lonko de la comunidad Pillan Mahuiza, cuestiona el enfoque de las “corporaciones mediáticas”, que difunden el cambio climático como algo intangible, donde no suelen visualizarse las causas, o que pareciera una acción fortuita de la naturaleza. “Existe una imposición de un sistema extractivista capitalista, impulsado por países considerados de primer mundo, que quieren perpetuar la injusticia”, destaca.

Afirma que es necesario identificar quiénes son los responsables del proceso  de devastación. Señala que algunos llaman a este proceso como “el antropoceno”, donde el ser humano es el generador del proceso destructor del planeta. También alerta que no se trata solo de la derecha política: recuerda que existen sectores de izquierda que también creen en la “depredación de la tierra” como salida a las crisis económicas.

Argentina Paz Quiroga tiene 80 años, es autoridad espiritual del pueblo Warpe de San Juan. Fue protagonista de un hecho inédito: interpeló en persona a un Presidente, en la propia Casa Rosada, y le cuestionó en la cara el apoyo gubernamental a las multinacionales extractivas. Nunca antes un indígena había cuestionado así a un primer mandatario argentino. Sucedió en 2010, en el marco de las celebraciones por el Bicentenario, y la que tuvo que escuchar los reclamos fue Cristina Fernández de Kirchner, ante una veintena de funcionarios y líderes indígenas.

“Nuestra propuesta y nuestra mirada ante esta crisis climática que enfrenta el planeta Tierra no es nueva, es desde siempre y en todo el mundo. Los pueblos indígenas son los únicos que nunca han destruido a la naturaleza, a la madre, nunca la han saqueado”, afirma Quiroga.

Paz Quiroga señala que, en en América Latina, se desarrolla una “segunda invasión”. Esta vez no es Cristóbal Colón y las carabelas, sino las empresas trasnacionales. Aún así, remarca que los pueblos indígenas, campesinos y asambleístas, están de pie, en lucha. Resalta dos triunfos: los pueblos indígenas frente a la petrolera Chevron en Ecuador y las asambleas socioambientales frente a Monsanto en Córdoba. Nadia Gómez, de la Comunidad del Kuyum, joven dirigente Warpe, lo resume así: “Los pueblos indígenas hemos sido afectados desde hace siglos por la mentira del progreso capitalista que produjo el cambio climático”. Y cuestiona argumentos del ambientalismo light y gobiernos: “No es un tema que se resuelve con reducir la basura, reciclar y reutilizar”.

Israel Alegre, 60 años, referente del pueblo Qom de Formosa también coincide en la responsabilidad de las grandes empresas, que se traduce en los territorios, por ejemplo, en desmontes y fumigaciones con agrotóxicos. Pero también aporta el saber y sentir indígena ancestral: “Si hacen fracking perforan con químicos la tierra, la naturaleza se lastima y va a responder, se va a enojar. Y eso le vuelve a los humanos. Los indígenas respetamos la naturaleza, la cuidamos, pedimos permiso para entrar al monte y sacar lo que necesitamos para comer”.

Propuesta indígena

Luchar contra el extractivismo y fortalecer el Kume Felen (“buen vivir”, plan de vida en armonía con la naturaleza). Ambas acciones que desarrollan desde hace décadas y son parte de la propuesta del pueblo Mapuche, explica Xalkam Nawuel. Recuerda el avance de petroleras en Vaca Muerta y las mineras e inmobiliarias en la zona de la Cordillera. Un caso testigo es la comunidad Paicil Antreao, en Villa la Angostura, donde enfrenta juicios por “usurpación”. Uno de ellos, impulsado por el astro argentino de la NBA Emanuel Ginóbili.

Explica que la soberanía alimentaria es parte del Kume Felen, desde donde se enfrentan al agronegocio que también está en Neuquén, donde se utilizan agrotóxicos. Recuerda que el pueblo Mapuche conserva sus semillas ancestrales, mantiene su forma de producir alimentos sanos, con prácticas que hoy se llaman agroecológicas pero se realizan desde hace siglos, y que incluye intercambios en ferias de semillas.

Pastrana aclara que el pueblo Diaguita tiene muchas propuestas, pero hay dos que pueden resumir casi todas las demás: que los gobiernos cumplan las leyes (desde convenios internacionales hasta legislaciones nacionales que protegen a pueblos indígenas y el ambiente); y, la segunda, devolver los territorios a pueblos originarios, para así reconstruir culturas e identidades.

Madres Wichí colectan plantas de chaguar para fabricación de tejido. También utilizan la raíz como alimento. La región sufre un grave proceso de deforestación en manos de elites agroganaderas, que las han ido recluyendo en las peores parcelas del territorio.

Mauro Millán señala que cuando las comunidades mapuches recuperan un territorio el paso siguiente es el “resguardo” del mismo, que significa protegerlo de las mineras, petroleras, represas. Es el caso de la comunidad Pillan Mahuiza, que rechaza desde hace más de diez años la construcción de una hidroeléctrica sobre el río Corcovado, que inundará el territorio mapuche. “Cuando luchamos para que un río no sea represado estamos diciendo que queremos perpetuar la vida de ese río, no solo para mapuches sino para todos”, explica. La defensa y control sobre los territorios, es el principal proyecto político del pueblo Mapuche.

Argentina Paz Quiroga resume el sentir Warpe: “Nuestra propuesta es volver a la raíz, volver a recuperar un sistema donde no se destruya la vida”. Aunque aclara que la mayor dificultad es que para eso es necesario el territorio, hoy asediado por gobiernos y fuerzas represivas para entregárselos a las multinacionales.

Lo que viene

Marcos Pastrana no anda con vueltas: “Los nombres ya no cuentan. Nos quieren hacer creer que elegimos gobernantes, pero en realidad son gerenciadores. El Estado argentino se transformó en estados trasnacionales mineros, petroleros, sojeros, que son los que dominan los territorios, legislan y aplican leyes a través de nuestros ‘representantes’”.

Denuncia que este modelo extractivo recobró fuerza en la década del 90 y ningún gobierno lo cambió. Al contrario, los distintos presidentes lo perfeccionaron “a pedido del patrón, que son las trasnacionales”. Desde Tafí del Valle pide que se le permita una “pequeña reflexión”, pide disculpas si es demasiado sencilla: “Hemos sacrificado pueblos y culturas para que vivan las megaempresas. Es hora de preguntarnos qué tenemos que hacer para que vivan los pueblos… ¿Habrá que sacrificar las megaempresas, sacarlas de nuestros países?”.

Xalkam Nawel afirma que su mayor expectativa es la continuidad de la lucha de los pueblos originarios, que seguirá levantando la voz por sus derechos y saliendo a reclamar a las calles. “Nuestra consigna es que gane quien gane no vamos a permitir que saqueen nuestros territorios. No vamos a permitir que contaminen con la megaminería, que avancen con agonegocios y rechazamos el fracking. Vamos a seguir en la lucha, defendiendo nuestra autodeterminación, nuestro derecho a vivir”, aclara Nawel. Y recuerda a Cristina Linkopan, lonko de la comunidad Gelay Ko, que falleció en 2013 víctima de la contaminación petrolera.

Mauro Millán piensa un instante, mientras intenta sin suerte arrancar el auto, y concluye que ningún candidato presidencial planteó una discusión seria sobre la crisis climática y mucho menos entabló diálogo con los que luchan por los territorios sin contaminación. Al contrario, precisa que Alberto Fernández apuesta a la megaminería y a Vaca Muerta. “Es la única receta que tienen. Perpetúan el modelo que favorece a las multinacionales”, cuestiona.

Aclara, por las dudas, que no tienen esperanza en el nuevo gobierno, pero sí esperan que haya justicia por la persecución, represión y asesinatos que sufrió el pueblo Mapuche en manos del gobierno de Macri. Rafael Nahuel, asesinado en noviembre de 2017 en Río Negro, es el caso más reciente.

Argentina Paz Quiroga cuestiona que los políticos prioricen la crisis de dólares que tiene el país y que sólo vean los territorios como proveedores de esas divisas, previa explotación de bienes naturales. También cuestiona el anunció de la multinacional Syngenta (productora de transgénicos y agrotóxicos), que propuso luchar contra el hambre y para eso donar el 1 por ciento de su producción. La autoridad Warpe contrapropone: “Que las grandes empresas se lleven el 1 por ciento y dejen el resto hasta tanto se resuelva la tenencia de la tierra, que es lo fundamental para otro modelo”.

Recuerda que los pueblos indígenas tienen las semillas con las que siempre se obtuvieron alimentos. Falta la tierra y, en San Juan, el agua, que está en manos de mineras y grandes fincas. Nadia Gómez complementa: “Los acuerdos con Chevron, los desastres de Barrick Gold, son temas que tienen una continuidad con los gobiernos. Creemos que habrá una profundización del agronegocio y las industrias extractivas, que no vendrán con el discurso de progreso sino como alternativa a la crisis económica”. Aclara que creyeron que la participación de políticos como Pino Solanas o Victoria Donda (en el Frente de Todos) haría revisar el apoyo a estas actividades, pero concluye: “El interés económico es más fuerte”.

Israel Alegre recuerda que los pueblos indígenas de Formosa siguen padeciendo las políticas de Gildo Insfrán, en el poder de Formosa desde 1987 (ocho años vicegobernador, y desde 1995 a cargo del Poder Ejecutivo). Fue menemista, tuvo buena relación con la Alianza, fue duhaldista y kirchnerista de la primera hora. Con Macri mantuvo el perfil bajo y ahora ya se muestra en fotos sonriente con Alberto Fernández.

En comunidades indígenas del norte argentino coinciden con las sur: «Creemos que habrá una profundización del agronegocio y las industrias extractivas, que no vendrán con el discurso de progreso sino como alternativa a la crisis económica».

Aclara que tanto en Provincia como en Nación se busca lo mismo: “Es como en 1492, pero con discurso ‘democrático’. Eliminar a los indígenas y quedarse con sus tierras”. Afirma que no hay voluntad política de cumplir las leyes vigentes, pero advierte que de igual manera los cuatro pueblos de Formosa (Qom, Wichí, Pilagá y Nivaklé) seguirán exigiendo sus tierras y una “reparación histórica” que contemple educación bilingüe, salud ancestral y desarrollo territorial.

Escuchar(los)

Programas de radio con auspicios de petroleras, diarios que llaman a explotar (literalmente) Vaca Muerta y con suplementos de propaganda del agronegocio, radios autodenominadas “del campo” (con publicidad de todas las empresas de transgénicos y agrotóxicos), periodistas famosos que siempre minimizaron lo ambiental: todos, súbitamente, se acordaron del desastre climático con los incendios en la Amazonía, la presencia de Greta Thunberg y las marchas de jóvenes en decenas de ciudades del mundo. Abundaron voces de universitarios, científicos, abogados, oenegés, funcionarios. Pero pocas, o nulas, voces indígenas y campesinas, quienes viven en los territorios en disputa.

Xalkam Nawel cree que no se consulta a los pueblos originarios porque se le ha dado en el periodismo énfasis a una mirada ecologista, o de oenegés con mirada más conservacionista. También porque, afirma, se intenta despolitizar los conflictos territoriales. Sin embargo, no deja de parecerle contradictorio que no se escuche a los sujetos que viven y resisten en los bosques, selvas, humedales, todos lugares asediados por el cambio climático, y por las empresas.

“Nuestro planteo va más allá de decir no tires un papelito o no contaminemos con los autos. El planteo de los pueblos originarios tiene que ver con una propuesta de cambio radical de este sistema consumista que viene desde hace siglos destruyendo todos los ecosistemas”, explica la joven mapuche.

Pastrana tiene un postura más cruda de la invisibilización a las comunidades. indígenas: “Prefieren seguir tratándonos como seres ignorantes, analfabetos y sin posibilidad de emitir propuestas. Es todo lo contrario a la realidad: tenemos muchas propuestas pero no nos quieren escuchar”.

Quiroga, la abuela Warpe, sonríe ante la consulta y responde con una contra pregunta: “¿Cómo nos van a consultar los periodistas si ellos mismos están al servicio de este modelo extractivo y de saqueo que encima le llaman ‘desarrollo’?”.

Afirma que tampoco se consulta a los pueblos indígenas por ningún otro tema y denuncia que ni siquiera mencionan los derechos vigentes que son vulnerados (Constitución Nacional, Convenio 169 de la OIT, Declaración de Naciones Unidas). Y resalta el fracaso del modelo extractivo: en San Juan crece la pobreza mientras Barrick Gold se lleva el oro. En Argentina se incrementan las toneladas de cosechas mientras aumenta el hambre y la malnutrición.


Este artículo fue publicado previamente en Revista Mu de Coop. Lavaca 

Darío Aranda

Periodista  |  Escritor

Darío Aranda (1977) es periodista. Trabaja en el diario Página/12, la cooperativa de comunicación La Vaca  y las radios FM Kalewche (Esquel), la Cooperativa La Brújula (Rosario) y Los Ludditas (FM La Tribu). Especializado en extractivismo (petróleo, minería, agronegocios y forestales), escribe sobre el acontecer de los pueblos indígenas, organizaciones campesinas y asambleas socioambientales.