Un debate basado en hechos reales

Un debate basado en hechos reales

El Salón de Honor del Centro Cultural Kirchner, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sirvió de escenario para que Leila Guerriero y Cristian Alarcón debatieran sobre el motivo del “Festival de no ficción: basado en hechos reales”. La conversación, que fue moderada por Ezequiel Martínez –presidente de la Fundación Tomás Eloy Martínez–, giró alrededor de una palabra: la-crónica.

Texto y fotos: Nolan Rada

Más de 200 personas colmaron el lugar para escuchar satélites como hibridación, extensión, literatura. Inquieta por las consecuencias de la hibridación de los textos periodísticos, Leila Guerriero aclara que «lo que no se puede hacer es inventar». La autora de Frutos extrañosUna historia sencilla, entre otros libros, dijo que «la crónica debe ofrecer una mirada que no sea previsible. […] Que abra un mundo y, si eso ocurre no importa si tiene 320 o 20 mil palabras». Cristian Alarcón, director de Revista Anfibia, cree que más que un asunto de extensión se trata de las posibilidades que tiene el contenido periodístico de llegar a las audiencias: «mi obsesión como editor es ampliar mis audiencias; que el material que estamos dando sea lo suficientemente narrativo, medular, teórico; que aporte ideas, que genere preguntas, pero que también emocione, porque estoy compitiendo todo el tiempo con una pantalla de celular con el resto del mundo».

Y ese mundo, por lo que se puede entender del discurso de Alarcón, parece reclamar posturas concretas de los periodistas ante los hechos:«hoy, un cronista que no tiene una firme toma de posición y de que alguna manera no puede hacerse cargo de una posición única, original, me parece que tiene pocas chances de notarse. Estamos en el momento de la opinión». Esa postura ante los hechos, las historias –siempre siguiendo las sugerencias de Alarcón–, partirían de la posibilidad que tenga el autor de hacerse «las preguntas más humanas y profundas posibles, porque la densidad del texto depende de eso y la crónica es la búsqueda de la trascendencia; una trascendencia egoísta, de autor, profundamente literaria; según lo que enseñó Tomás Eloy Martínez.»

Además de trascender, ¿cuál otra función podría tener la crónica periodística?«Siento que a veces a la crónica –reflexiona Leila Guerriero– se le carga la mochila de ‘esto va a venir a salvar el periodismo, que está en crisis’. Me parece una responsabilidad que yo, gracias, no la quiero; me parece que en este caso cada quien debe salvar su trasero». En tiempos donde la urgencia y la inmediatez parece dominar los distintos aspectos del oficio periodístico, Guerriero considera que hay momentos en los que conviene reclamar tiempo para la elaboración del trabajo periodístico, pero también que «el derecho de mirar con lentitud es un derecho que uno se tiene que ganar con laburo, mostrando con laburo propio que si uno pide lentitud, serenidad y tiempo, no van a pasar notas mal escritas».

¿Y cómo se podría llegar a armar una buena crónica? Guerriero da algunas pistas y dice que «no hay ninguna diferencia entre escribir y montar un documental. Ninguna. Uno pone la cámara en determinado lugar; monta el texto con fundidos a negro, planos americanos, primeros planos, contraluces, voces en off, testimonios a cámara. Es exactamente lo mismo, para lo cual hace falta tiempo, pericia narrativa, perfidia narrativa que muy pocos tienen». Dentro de esa documentación, Guerriero advierte con preocupación que «vivimos contando la misma realidad de siempre, que estamos mirando los mismos márgenes de siempre. Hay otros márgenes. […] La crónica está agotando algunas temáticas; se está ocupando muy poco de clases altas, de ciencias».

Nolan Rada

Periodista  |  Fotógrafo

Leyendo diarios deportivos en mi adolescencia, quise ser periodista deportivo. Leyendo crónicas en la Universidad Central de Venezuela, descubrí que quería ser cronista. Ahora me interesa la crónica deportiva como una oportunidad para representar aspectos sociales a través del juego; y el periodismo narrativo como una oportunidad para acompañar y conocer problemáticas e historias de primera mano. Crecí -y sigo colaborando- en Prodavinci. Hice radio. También soy fotógrafo.

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