En una época en la cual las noticias están cada vez más al alcance de la mano, un fenómeno crece: la gente huye de ellas.
Las principales motivaciones para escapar de las noticias son dos: por un lado, el impacto negativo en el humor, y por otro, la impotencia: sentir que no se puede hacer nada ante semejante catarata de problemas.

Texto de David Flier

El dato lo compartió Chani Guyot, fundador y CEO de RED/ACCIÓN, un medio innovador de reciente creación. Lo hizo en Buenos Aires, en las sesiones de un workshop de especialización en el que participamos quince periodistas de todo el continente.

Si alguno de los colegas que participamos del taller de periodismo de soluciones enfocado en temas de salud dudaba de los argumentos planteados para el news avoiding, el escenario instaurado por la pandemia resultó una confirmación contundente.

«Es muy difícil que la gente se relaje con siete canales de noticias que durante 24 horas muestran cadáveres y cuentan muertos. Hay un nivel de intoxicación informativa, que la propia OMS llamó ‘infodemia’, que no le hace bien a la gente». Muchos concordamos con la veracidad de las palabras de Pedro Cahn, reconocido infectólogo que asesora al gobierno argentino en la crisis desatada por el coronavirus.

Acaso esta pandemia tornó obvio lo que, desde hace tiempo, es la realidad de los consumidores de medios: estamos infoxicados.

La situación parece ser el resultado natural de la configuración social. Durante largos años la práctica periodística se concibió como el relato de malas noticias. «Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás es relaciones públicas». La frase, que se atribuye a George Orwell, suele repetirse en círculos que hablan del oficio.

El rol del periodista como “watchdog” —el perro guardián que olfatea la realidad hasta sacar a la luz transgresiones ocultas—, es necesario en cualquier sociedad. Pero ver la función del periodista solo como el de un sabueso al asecho de los problemas es limitar el potencial de quien, tantas veces, es llamado a hacer del mundo un lugar mejor.

Periodismo de soluciones es la práctica mediante la cual se puede mostrar la realidad desde una perspectiva más amplia: en lugar de quedarse con la foto del problema, es mostrar la película; una que no siempre tiene un final feliz pero que, al menos, expone los intentos para hacer frente a las adversidades.

Soluciones en medio de una crisis

Mientras hablábamos sobre periodismo de soluciones en Buenos Aires, comenzaba a tomar más fuerza la temática pandémica (nueve días después de que terminó el encuentro, en Argentina se decretó la cuarentena en medio de la cual escribo estas líneas). Chani Guyot propuso elaborar sumarios relativos a la crisis que se vivía: escuelas que enseñan a hacer barbijos, modelos eficientes de teletrabajo, lugares con protocolos efectivos para la detección temprana del virus. Las ideas, pensadas a modo de ejercicio y sin tiempo para profundizar, no estaban erradas: pronto, titulares similares se reprodujeron en medios de todo el mundo.

Quizás sin proponérselo –y muchas veces sin conocer la práctica como tal– editores y periodistas publicaron numerosas notas enfocadas desde el periodismo de soluciones. Tal vez, la carga del problema es tal que, como una suerte de instinto de supervivencia, comenzaron a surgir las historias de aquel país cuyo método parece dar resultado para contener la pandemia, la organización que encontró una forma de ayudar a los más vulnerados en días de aislamiento social, o aquella práctica simple para evitar contagios que comenzó en una ciudad y podría replicarse en otras.

Un periodismo que llama a la acción

De a poco, el Periodismo de Soluciones toma fuerza entre colegas. La Solutions Journalism Network (SJN), una red que nuclea periodistas de todo el mundo, es una clara prueba. La SJN nació como una extensión de Fixes, la columna del New York Times que habían creado Tina Rosberg y David Bornstein, —dos de los fundadores de la red—, sobre iniciativas que proponen “arreglos” a problemas sociales de toda índole.

Sin embargo, pese a su desarrollo, el periodismo de soluciones todavía lucha por eludir prejuicios e ideas erróneas sobre su identidad. El propio Guyot admitió que la práctica suele definirse muchas veces por aquello que no es. No se trata de replicar una historia feliz o de ser altavoces de organizaciones sociales o de ciertos héroes solidarios. En ese caso las palabras que le atribuyen a Orwell serían pertinentes. El periodismo, a diferencia de las relaciones públicas, es escéptico y crítico. Y es desde estas virtudes que el periodista puede ayudar: dando a conocer a las personas que hay ideas e intentos por revertir una realidad que a veces atormenta.

El periodismo de soluciones no solo ayuda a saber: es, sobre todo, una herramienta para comprender. No se trata solo de conocer inconvenientes y algunas propuestas que parecen resolverlos: se trata de entender cuál es el mecanismo detrás de las propuestas. En algunos casos, el “cómo” de una solución dará las claves para replicarla en otros contextos. Y la audiencia sentirá que ya no es solo audiencia, sino que podrá ver que está a su alcance hacer.

Y entonces, en lugar de evitarlas, prestará atención a las noticias.

David Flier

Periodista  

Graduado en comunicación y especializado en herramientas digitales, se ha abocado al periodismo escrito. Para elegir y contar historias, se guía por un proverbio salomónico que insta a “ser voz de quienes no tienen voz”. Con eso en mente, ha redactado sobre personas con discapacidad, muerte perinatal, trasplantados, comunidades discriminadas, proyectos ambientales y sociales, historias de superación de niños huérfanos en India y atletas paralímpicos, entre otras historias.

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