Nos propuse decir diez obras porque son diez años a rememorar: una década central en nuestro oficio y para nosotros mismos. Y es, de alguna manera, un obsequio que comienza acá (habrá nuevas recomendaciones), a partir de años de lecturas, búsquedas especializadas y encuentros decisivos que queremos compartir.

Texto y foto: Migue Roth 

Bruno eligió diez íconos fotoperiodísticos y Pablo un decálogo de documentales referenciales. Yo elegí la misma cantidad en libros de no-ficción. Y pasó lo de siempre: que incluir estos es dejar fuera otros fundamentales; que puede sonar a ranking y no lo es; que seleccionar diez —veinte, cien— es un recorte excesivo. 

Nos propuse decir diez obras porque son diez años a rememorar: una década central en nuestro oficio y para nosotros mismos. Y es, de alguna manera, un obsequio que comienza acá (habrá nuevas recomendaciones), a partir de años de lecturas, búsquedas especializadas y encuentros decisivos que queremos compartir.

Los autores, en este caso, son hombres porque el primero de los libros que se me vino a la cabeza fue «Peste & cólera» y arranqué por ahí. Pero tengo otra selección dando vueltas: son obras escritas por mujeres —ya vendrá—.

Insisto: esto no tiene nada que ver con un ranking. Lejos está de serlo. Anoté libros y autores que conocí desde el 2010 y que simbolizaron una inflexión, pero fue —casi— un ejercicio de psicogénesis. Y traté de ser fiel al orden de aparición mental:


«Peste & cólera», de Patrick Deville

Si pienso en un autor decisivo en ésta década de lecturas, es inevitable Deville. Podría mencionar el gusto que me dio Ecuatoria y el pesar que me está dando no conseguir Pura vida en Argentina. Se supone que Kampuchea viene a la misma altura. Como fuese, llegué al francés merodeando el stand de la editorial que lo traduce al español, en la feria del libro de Buenos Aires. Y me quedé ahí, atrapado, media hora leyendo hasta reaccionar y comprarlo. Tiene una manera de contar astuta, pero no barroca; lúdica pero nada exagerada, y más allá del perfil de Yersin que traza (un médico y explorador que de por sí tuvo una vida extraordinaria) la estructura del relato —capítulos breves, dinámica, contenido bien documentado— lo hace apasionante. Es un libro que le regalaría a cuanto médico, enfermero y agente de la salud se me cruzara. Como si fuera poco, me enteré que Deville tiene un proyecto mayor: se propuso investigar, hilvanar y escribir la historia mundial de la modernidad en doce entregas que recorren el planeta «de la mano de héroes algo fracasados, antihéroes más bien, todos luminosos y apagados por momentos». Peste & Cólera es tan solo uno de ellos. Challo para que los vientos sean propicios, Deville pueda terminar los que le quedan y los traduzcan pronto al español.

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«El espejismo humanitario», de Jordi Raich

Pocos colegas de este lado del charco conocen a Raich. En el mundo filantrópico, sin embargo, sus escritos —particularmente este— son considerados La Biblia de los humanitarios. Jordi Raich estuvo en docenas de respuestas a catástrofes, cubrió conflictos armados en todo el mundo. Lo apodan el «pasafronteras» por una entrada ilegal en Zaire, pasó tres semanas encarcelado en Uganda, ayudó cuando Somalia estaba prendida fuego, fue atacado por los heridos que salvó del bombardeado hospital de Vukovar, repartió comida bajo el fuego de morteros. La cantidad de experiencias que sorteó lo hacen una enciclopedia viviente. Y escribe muy bien: sencillo, que no es poco después de tanta peripecia, dolor y dilema que le tocó ver. «El espejismo…», es una obra que articula observación lúcida y testimonio, y ayuda a correr el velo de santidad que tantas veces reviste a la solidaridad. En los pasillos de agencias y oenegés que se dedican a «hacer el bien» se rumorea que hay dos tipos de actores humanitarios: los que leyeron a Jordi y los novatos entusiasmados.

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«El adversario», de Emmanuel Carrère

De los libros de Carrère, este debe ser el más contundente. Lo compré en un viaje de laburo y aunque es breve —172 páginas—, por cuestiones obvias de agenda pensé que lo terminaría al retornar. Y no. Me cautivó, no sólo porque es una historia que va desde lo escalofriante a lo místico y viceversa, sino porque el autor entra con pericia en lo siniestro. Me gustó, además, la decisión de Carrère de describir las dificultades y las maneras de sortearlas que afrontó para acercarse al protagonista del relato —una verdadera mente maligna—; ese detrás de escena para montar una estructura narrativa sólida: un acto performático inteligente y logrado.

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«La misa del diablo», de Miguel Prenz

Prenz agarró con sus manos brasas encendidas: secta, pobreza, perversión y muerte en un caso espeluznante que cualquier otro que se atreviera por estos pagos, apenas si tocaría de lejos. Investigó un crimen ritual y lo describió como un maestro del género. «La misa del diablo» está bien editado además, bien montado diría. Es un policial que el autor mismo define como político; una obra que nos hace ver las entrañas de la violencia marginal. ¿Por qué leer un libro así de tenebroso? Porque es un ensayo antropológico que también permite entender las consecuencias de los sistemas de creencias funestas que atraviesan tantas regiones latinoamericanas.

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«El hambre», de Martín Caparrós

De Caparrós podría haber incluído «Lacrónica», que también es excelente. Pero «El hambre» es una obra vértice en el periodismo narrativo de la década. Admito que me atraen los libros que generan incomodidad con inteligencia; no me sirve la provocación simple, superficial, detesto la fanfarroneada —típica de gran número de publicaciones actuales—. Este libro, en cambio, es tan incómodo como bien documentado. Se nota que son años de viajes y lecturas. Es cierto, también, que debido a su extensión no pocos se quedan en el camino. Una pena, porque bien vale el esfuerzo. Hay que conseguirse una edición robusta, que se banque esperas y contextos de lectura adversos. No es un libro que se lea de un tirón; pero es un libro necesario.

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«Hijos del monzón», de David Jiménez

«Si he optado por relatar la vida de quienes no han logrado subirse al tren de las oportunidades, a menudo aplastados por un modelo que ha decidido hurtarles su voz, es porque su historia, llena de coraje y dignidad, también merece ser contada», dice Jiménez en la introducción de una nueva edición de su obra, que nos lleva a recorrer rincones insufribles de Asia donde sobreviven miles de niñas y niños. Es curioso, «Hijos del monzón» es un libro de lectura fluida, con una circularidad acabada, de relevancia, pero estuvo a punto de no publicarse luego de varios rechazos editoriales. Las veces que me tocó hablar con estudiantes de comunicación sobre el oficio, este y «El lugar más feliz del mundo» son inexcusables. Sé como llegué a la mayoría de autores que leo; a David Jiménez no tengo idea de dónde lo saqué, pero me alegra mucho haberlo conocido.

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«Una oración por la lluvia», de Wojciech Jagielski

Iba a incluir en el decálogo uno de los tantos libros de la referencia por antonomasia en el periodismo narrativo, de otro gran polaco: Ryszard Kapuściński. Pero opté por Wojciech Jagielski porque no es tan conocido, aunque «Una oración por la lluvia» sea extraordinario. Siento atracción por Afganistán desde la adolescencia temprana: aquella tierra y aquel pueblo tan enigmáticos. Pero hay poco en español y lo que hay da lástima; por eso me animó tanto encontrar un libro muy bien escrito —bien traducido—, de alguien que se nota conocedor de la profundidad y la complejidad de la temática. Jagielski muestra los paisajes afganos en plenitud y escapa a los tradicionales retratos en los que caen otros autores: la  demonización o la descripción como seres desvalidos. Explica con pluma prolija la historia reciente de un país irreductible. Es, además, un narrador excepcional.

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«El efecto lucifer», de Philip Zimbardo

Tiempo atrás vimos «The Stanford Prison Experiment», film sobre un famosísimo estudio psicológico donde Zimbardo —renombrado investigador del comportamiento— indaga sobre las fuerzas situacionales y la dinámica de grupo que llevan a personas decentes a convertirse en malvadas. La película se basa en el libro «El efecto lucifer», uno de esos textos que es inevitable subrayar y que terminás leyendo en voz alta a quien tenés cerca. «¿Qué hace que una buena persona actúe con maldad? ¿dónde está la línea que separa el bien del mal y quien corre el peligro de cruzarla?», son preguntas tan duras como complejas; muy difíciles de abordar sin caer en un tratado filosófico o clichés metafísicos. Philip Zimbardo hace análisis brillantes en un tono narrativo entretenido. Esta es una obra en las que se termina diciendo: ¡qué librazo!

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«Hacia rutas salvajes», de Jon Krakauer

Es cierto: conocí al autor a partir de la película dirigida por Sean Penn (una de las pocas que valen los habituales falsos adjetivos «cautivante / inquietante / conmovedora»). Me gustó tanto que busqué más información sobre el trabajo de Jon Krakauer Into the wild; Into thin air; Under the banner of heaven— y compré el libro en una vieja librería del norte argentino. El reportaje que escribió generó polémica: para unos, el protagonista de la historia era un idealista; para otros, un ingenuo. Situarse donde se paró Krakauer para escribir lo que escribió, sin perder el equilibrio, es muy difícil. Otro logro que alcanza es ese tenor reposado: se nota que el autor viaja, investiga, conoce detalles, no apura, respira y entrega una obra que sabe bien. Incluye fragmentos de pensadores que coloca con la pericia de quien conoce la aventura: Krakauer escribe con la paciencia del buen pescador y la valentía del alpinista. 

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«Los mercaderes del Che», de Álex Ayala Ugarte

Incluyo la obra de Álex Ayala Ugarte por dos motivos básicos, el primero me sirve para hacer trampa, porque abre ventanas a otros autores: conocí el libro cuando lo publicó El cuervo, una editorial boliviana independiente excepcional que acostumbra entregar obras notables y cuidadas. El segundo motivo está expresado con claridad por el maestro Salcedo Ramos: «Álex es dueño de una voz aguda, mirada intuitiva y unos zapatos de reportero diligente: he allí las armas con las cuales ha emprendido la aventura de contarnos la realidad en este libro magnífico». Lo leí en 2013 y abrió un sendero que me permitió ver y creer que es posible contar grandes historias de seres que parecen mínimos. En «Los mercaderes del Che» se puede percibir algo que se está perdiendo y que muy pocos autores de no-ficción alcanzan: escribir desde el encuentro. Más allá de su talento periodístico, se nota la presencia consciente de Álex Ayala, se nota que está cerca del otro y desde esa intimidad narrativa logra textos que son una delicia.

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Migue Roth

Editor de Angular | Lector

Graduado en Comunicación y en Fotoperiodismo; se especializó en Periodismo en la respuesta a las crisis humanitarias. Freelance y docente universitario. Editor y fundador de Angular. Recorre Latinoamérica con el foco puesto en las problemáticas sociales y sus transformaciones.

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