Bolivia a toda costa

Leí la primera edición de Bolivia a toda costa en un bus camino a Vallegrande. De aquel viaje recuerdo con claridad cómo el chofer se empecinaba en sacarle filo al precipicio y en morder la banquina; me acuerdo de la cumbia al palo, de la apatía de la mayoría de los pasajeros frente al peligro de ir con un maniático al volante y del negro, que me decía transpirando acá nos matamos.