No me interesa la fotografía, me interesa la vida

Como título puede sonar un poco extraño, en especial si viene de alguien que se dedica a ello; la fotografía de calle se ha convertido en lograr una imagen (colores vivos, llamativos, edificios precisos y una persona cruzándose), no mucho más. Sin embargo, no hay nada más delicado que el contacto con las personas.

Muchas veces se habla de la importancia de pasar desapercibido, de ser invisible para captar el momento; pero eso se logra siendo una de ellas, pasando tiempo en la calle, conociendo el pulso de la ciudad.

Por Carlo Maccheroni

No pocos creen que se trata de capturar un momento decisivo (como se supone que dijo Henri Cartier-Bresson). Lo cierto es que, si hacemos un poco de historia, esa frase la elige uno de los editores del libro Images a la sauvette cuando preparaban la versión en inglés. “El momento decisivo” nace de revisar las memorias del cardenal Retz, quien escribió: «No hay nada en este mundo que no tenga un momento decisivo». Funcionaba bien, pero no era la visión fotográfica de Cartier-Bresson.

En muchas de sus cartas, Sergio Larraín habló acerca de su experiencia fotografiando la calle. Él llega a definir ese momento de la captura como un estado de gracia. Lo llama así porque —básicamente— de eso se trata: la gracia, un regalo, un momento en el que pareciera que todo se alinea para construir una fotografía. El punto es cómo llegar a identificar ese estado del que habla Larraín.

Entendí —con el tiempo y desde mi experiencia— que hay que tener tres ideas para hacer foto de calle:

Lo primero es estar. La fotografía es una experiencia de vida, un acercamiento. Muchas veces se confunde con tomar fotos a personas en situación de vulnerabilidad. No se trata de eso; es más bien salir de lo establecido, de lo esquematizado, de lo llamativo, para dejarse sensibilizar con lo profano que nos rodea. Es dar testimonio de lo que me rodea, sin tintes políticos, religiosos o fines extra. Se trata del momento, del contacto y el gesto, del estado de gracia que permanece entre tanto se presiona el obturador.

Otra cosa: todo, todo, todo se trata de las personas; de la presencia o su ausencia, de los actos o de sus rastros. Y es aquí donde radica una confusión habitual: la persona no está en la foto para dar escala uno a uno a las fachadas de casas o edificios. Ellos son la historia, ellas son lo fascinante de una ciudad. Un famoso arquitecto decía que una maqueta nunca va a ser real porque siempre le va a faltar la basura. De eso se trata: de entender al mundo, de entender las ciudades, de entender a las personas.

Finalmente: tener en cuenta que lo que realmente hace la foto no es la cámara, es quien está tras ella.

Mucha gente se interesa en saber qué equipo usa tal fotógrafo, qué lentes nuevos están a la venta, cuántos megapixeles ofrece una cámara. Se descuida que, los más grandes fotógrafos y los iconos de la historia se hicieron con cámaras que posiblemente no le llegan ni a los talones de la cámara que tiene un teléfono inteligente. Es el fotógrafo quien da el punto de vista, y el punto de vista es lo único que vale.

El fotógrafo retrata la vida, debe ser respetuoso; no me parece apropiado que el fotógrafo busque impresionar: no es un publicista, es un testigo. Cuando sale a la calle debe intentar olvidar todo lo que sabe de la ciudad, para volver a descubrir, volver a encontrarse, volver a perderse. Cuando salga a la calle debe acostumbrarse a hacer pocas fotos, a no disparar en ráfagas; porque así no es como se encuentra ese anhelado momento de gracia. Me gusta pensar en que es como salir de pesca: no está mal si sales en bote con una red, pero si lo haces no necesariamente vas a conseguir lo que quieres. También saldrá basura entremedio, peces que nunca comerías, algas, hasta una bota. Es muy diferente a uno de esos pescadores dedicados que, en absoluto silencio para no espantar a los peces, considera el horario, con la carnada correcta, al lugar adecuado, con la caña del largo exacto para pescar ese pez que busca. Así también es la fotografía de calle.

La mayoría de las veces no se necesita ver las imágenes de un fotógrafo para saber cómo es su trabajo. Basta con mirarlo en la calle para darse cuenta de qué clase fotógrafo es; si es rápido como una metralleta o si es discreto y va en puntillas, moviéndose de una manera que juega a ser un punto entre la elegancia y el placer.

1. 

Plaza de Armas, Santiago, Chile. 2015.

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2. 

La Vega, Santiago, Chile. 2017.

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3. 

Paseo Huérfanos, Santiago, Chile. 2016.

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4. 

Merced, Santiago, Chile. 2016.

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5. 

Predicador, Plaza de Armas, Santiago, Chile. 2017.

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6. 

Catedral, Santiago, Chile. 2017.

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7. 

Calle Prat, Valparaíso, Chile. 2016.

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8. 

Lambayeque, Perú. 2016.

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9. 

Paseo Huérfanos, Santiago, Chile. 2017.

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10. 

La Chimba, Santiago, Chile, 2016.

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Carlo Maccheroni

Fotógrafo | profesor

Ex Director de Arte, hoy dedicado al duro placer de retratar las ciudades y enseñar fotografía. Amante del café y del mate. Siempre carga una cámara, un par de películas y una libreta. Aficionado a conversar con desconocidos en el subte, en el ómnibus, en la calle, en aeropuertos o donde se pueda.

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